Teleaventuras con mi ISP

Son las tres de la mañana, hora que se convirtió tras varios años de experiencia en mi favorita de la jornada laboral. El silencio de la ciudad, sumado al suave rumor de los ventiladores de mi computadora se convierten en tremendos alicientes de la creatividad y la productividad. No suenan teléfonos, ningún carro pita como si fuera el fin del mundo, todos los pájaros, perros, humanos y demás entes ruidosos duermen apaciblemente mientras la eterna taza gigante de tinto permanece a mi lado. Rebosante de felicidad, ya que después de muchos tires y aflojes, de visitas y llamadas, de discusiones y regaños, por fin, estoy terminando el arte final de mi mejor cliente…

Son las tres de la mañana, hora que se convirtió tras varios años de experiencia en mi favorita de la jornada laboral. El silencio de la ciudad, sumado al suave rumor de los ventiladores de mi computadora se convierten en tremendos alicientes de la creatividad y la productividad. No suenan teléfonos, ningún carro pita como si fuera el fin del mundo, todos los pájaros, perros, humanos y demás entes ruidosos duermen apaciblemente mientras la eterna taza gigante de tinto permanece a mi lado. Rebosante de felicidad, ya que después de muchos tires y aflojes, de visitas y llamadas, de discusiones y regaños, por fin, estoy terminando el arte final de mi mejor cliente, para quien el Guernica de Picasso  es un cuadro “demasiado gris” y la Mona Lisa es “muy plana”; Para quien las obras de Kandinsky resultan ser “triangulitos desordenados”, la escuela de Bauhaus le parece “muy floja” y los brillos, sombras y texturas del diseño Web 2.0 le parecen “muy ochenteros”, en fin, el arte final para el cliente más exigente que he tenido en mi carrera, quien me ha advertido que si no tiene el trabajo en su bandeja de entrada a primera hora de la mañana será públicamente despedido, humillado y castigado con pescozones y cachetadas delante de toda la junta directiva de la empresa.  Sólo me queda adjuntar el archivo en el mensaje y enviar el correo electrónico que dará fin a otro día satisfactorio.

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Segundos Catastróficos

(Para máximo efecto, sugiero leer este artículo con voz y acento de locutor barítono)

[Treinta y seis horas antes del desastre]
Gonzalo Carmona, de 42 años, administrador de empresas residente en Bogotá, usa su tarjeta de crédito para comprar un pasaje ida y regreso a la ciudad de Nueva York, saliendo el Jueves a la 1AM…

Segundos Catastróficos

(Para máximo efecto, sugiero leer este artículo con voz y acento de locutor barítono)

[Treinta y seis horas antes del desastre]
Gonzalo Carmona, de 42 años, administrador de empresas residente en Bogotá, usa su tarjeta de crédito para comprar un pasaje ida y regreso a la ciudad de Nueva York, saliendo el Jueves a la 1AM.

[Trece horas antes del desastre]
Andrés Jurado, de 32 años, técnico de aviación se dispone a efectuar una revisión de rutina en el Boeing 757-200 de matrícula HK-2564 registrado por la aerolínea Avianca, el cual se encuentra en el Aeropuerto el Dorado, en proceso de chequeo y abordaje con destino a Nueva York.

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