La belleza que tercamente entra por los oídos

La belleza que tercamente entra por los oídos

De toda la gama de sentimientos que puede experimentar un ser humano, el patriotismo es uno de los que considero más peligrosos y difíciles de racionalizar. Los seres humanos podemos experimentar apego, cariño, admiración y amor por personas, animales, objetos, y entre ese cúmulo de receptores de nuestra atención también podemos tener sentimientos por ese concepto nebuloso y ambiguo que denominamos “patria”.

Resulta casi imposible ubicar en un punto medio al patriotismo. El hermano mayor del regionalismo sirve para motivar y enaltecer a las personas; ha ayudado a que muchos pueblos se liberen de regímenes y opresión. Pero el patriotismo ha servido también para que muchos cándidos se rompan la crisma en guerras inútiles y tiene la tendencia de juntar cobijas con parientes bastante nocivos como la xenofobia y el fanatismo. A final de cuentas uno no entiende muy bien como algo que es producto absoluto del azar, como nacer en una región geográfica determinada, sea motivo de orgullo.

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Teleaventuras con mi ISP

Son las tres de la mañana, hora que se convirtió tras varios años de experiencia en mi favorita de la jornada laboral. El silencio de la ciudad, sumado al suave rumor de los ventiladores de mi computadora se convierten en tremendos alicientes de la creatividad y la productividad. No suenan teléfonos, ningún carro pita como si fuera el fin del mundo, todos los pájaros, perros, humanos y demás entes ruidosos duermen apaciblemente mientras la eterna taza gigante de tinto permanece a mi lado. Rebosante de felicidad, ya que después de muchos tires y aflojes, de visitas y llamadas, de discusiones y regaños, por fin, estoy terminando el arte final de mi mejor cliente…

Son las tres de la mañana, hora que se convirtió tras varios años de experiencia en mi favorita de la jornada laboral. El silencio de la ciudad, sumado al suave rumor de los ventiladores de mi computadora se convierten en tremendos alicientes de la creatividad y la productividad. No suenan teléfonos, ningún carro pita como si fuera el fin del mundo, todos los pájaros, perros, humanos y demás entes ruidosos duermen apaciblemente mientras la eterna taza gigante de tinto permanece a mi lado. Rebosante de felicidad, ya que después de muchos tires y aflojes, de visitas y llamadas, de discusiones y regaños, por fin, estoy terminando el arte final de mi mejor cliente, para quien el Guernica de Picasso  es un cuadro “demasiado gris” y la Mona Lisa es “muy plana”; Para quien las obras de Kandinsky resultan ser “triangulitos desordenados”, la escuela de Bauhaus le parece “muy floja” y los brillos, sombras y texturas del diseño Web 2.0 le parecen “muy ochenteros”, en fin, el arte final para el cliente más exigente que he tenido en mi carrera, quien me ha advertido que si no tiene el trabajo en su bandeja de entrada a primera hora de la mañana será públicamente despedido, humillado y castigado con pescozones y cachetadas delante de toda la junta directiva de la empresa.  Sólo me queda adjuntar el archivo en el mensaje y enviar el correo electrónico que dará fin a otro día satisfactorio.

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“Semiótica Interior” o la muerte del arte (no apto para menores)

Sigo encarretado con Youtube. Aquí les dejo otra perla que le está dando la vuelta al mundo. Semiótica Interior (Interior Semiotics en inglés) es un “performance” o “muestra de arte contemporáneo” de una muy, pero muy mal llamada artista que usa el seudónimo de Gabbi Colette y estudia en una universidad de Chicago, Estados Unidos. Esta presentación se ha ganado el premio “Pero Qué Carajo” del mes en La Mochila Digital.

Sigo encarretado con Youtube. Aquí les dejo otra perla que le está dando la vuelta al mundo. Semiótica Interior (Interior Semiotics en inglés) es un “performance” o “muestra de arte contemporáneo” de una muy, pero muy mal llamada artista que usa el seudónimo de Gabbi Colette y estudia en una universidad de Chicago, Estados Unidos. Esta presentación se ha ganado el premio “Pero Qué Carajo (PQQ)” del mes en La Mochila Digital.

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ayPhone 4: Más de lo mismo, pero mucho más caro

TechRadar informa que el flamantísimo iPhone 4, recién lanzado al mercado sufre de un “problemita menor”: Al poner un dedo sobre la esquina del teléfono, este pierde completamente la señal.

Quienes han leído mi artículo sobre el iPhone recordarán que no soy muy aficionado a nada que provenga de Apple por una muy sencilla razón: Sus productos son la “barbie” de la tecnología, muy lindos por fuera, y hechos de plástico barato e inservible por dentro. Como sé que hay muchos lectores del blog que me consideran un alienado por tener semejantes pensamientos tan desviados de esta noble compañía, les presento esta prueba de la calidad de Apple: TechRadar informa que el flamantísimo iPhone 4, recién lanzado al mercado sufre de un “problemita menor”: Al poner un dedo sobre la esquina del teléfono, este pierde completamente la señal. Yo vuelvo e insisto, ni el peor modelo de los teléfonos “flecha” es lanzado al mercado con semejantes fallas de diseño y manufactura. Ahí verán ustedes si quieren pagar algo más de un millón de pesos por un teléfono que no los va a dejar hacer llamadas si llegan a cometer el error de tomarlo en sus manos.

Archivo: Ay, Phone – 8 razones para no comprarlo

Advertencia: Considero mi deber informarles que la mochila digital es escrita por una persona que desde niño prefería tipear comandos de DOS en un PC 80386 (IBM compatible) antes que montar bicicleta o patines. Que sabía formatear un disco duro de 10 megabytes antes de aprender matemáticas, geometría e historia en el colegio. Que a mediados de los años ochenta entregaba los trabajos de cuarto de primaria recién salidos de una impresora de matriz de punto y hechos en WordStar 3.0. Que soñaba con una unidad de disco de 1.44 megabytes antes que un Nintendo o atari como regalo de navidad, en fin un completo fanático de la plataforma PC, por lo que los fanáticos de Apple pueden sentirse algo ofendidos por este post.

Y por fin llegó el famosísimo iPhone 3G a nuestra patria, estimados lectores. De manera legal, quiero decir porque el mítico teléfono de Apple ya estaba en la tierra de los fríjoles, el ajiaco y el sombrero vueltiao casi desde antes que su primera versión saliera en los Estados Unidos. Y como toda celebridad internacional (viva o inerte) que pisa nuestro país, el iPhone llegó acompañado de todo un show mediático: Personas acampando horas antes de que las tiendas abrieran, reportajes en noticieros, boletines especiales en periódicos y la comidilla de todos aquellos deseosos de estrenar este costoso juguete. A toda hora y en todo lugar a donde llego es el único tema de conversación; que cómo es de bonito el teléfono, que cómo es de “espectacular” la tecnología, que el precio es muy alto porque uno lo puede comprar en Internet más barato…  En fin, debo confesar que ya me siento algo mareado de tanto oír nombrar el “aifón” por todas partes, y ya empieza a irritarme un poco que algunos amigos, especialmente aquellos que no son tan adictos a la tecnología me pregunten cada vez que me ven “que si me voy a comprar uno”. La respuesta es No, no quiero gastar un millón de pesos por un aparato que es el equivalente a esos jeans de marca que venden en tiendas de moda por un dineral que son hechos por el mismo operario en Taiwan que fabrica los jeans que venden a una fracción del precio en almacenes de rebajas y en San Andresito. Así que para aquellos que ya tienen uno, o quieren comprarlo, pero tienen dudas, aquí les van mis 8 razones por las cuales no se debe comprar un iPhone:

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